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La bossa nova es el balcón al mundo de Ramón
Leal y la paciencia activa, una idea senequista, su filosofía.
Desde el apartamiento y su pequeña isla ha creado un tercer álbum
más conceptual y compacto que los anteriores “Bossanova 1999”
y “Clube da chave”. Y se acerca al continente brasileño
con “Cordas e metais”; disco de un elegante marchamo melancólico
que contiene piezas de grandes autores como Barroso, Jobim, Lobo, Buarque,
Rosa, Lyra, Noronha... Es uno de esos discos exóticos que hay que
escuchar con saudade y con un ventilador a mano. Cuenta con su voz y con
la de Ana Laan. Ramón no es sólo un guitarrista que tiene
el corazón en la punta de los dedos, es un exigente orfebre arreglista
y artesano productor que sabe sacar lo mejor de cada participante. En esta
época enferma es todo un lujo contar con músicos del oficio
y pedigrí de Ramón Leal. Llegó
tarde a este mundillo, pero su aureola de prestigio y la solvencia de estos
años productivos le aúpan a un puesto de hegemonía
y a ser una rara avis. Y no sólo porque sus discos se vean editados
en Japón (este disco se editó en Agosto en la poderosísima
Sony Columbia y es un sonado éxito ya), Corea o Filipinas y sea un
elemento totémico en Siesta. Sus discos son tesoros. Llama la atención
que este trabajo está embebido en un cierto spleen o enfermedad exquisita,
una belleza cautivadora por discreta y melancólica. No obstante a
veces Leal prescinde de la base más emotiva para acercarse a los
ritmos de samba jazz y a verdaderos valses de bossa nova. Destaca como novedad
la acertada inclusión de trombones, flautas, fiscornios y saxos tenores
y la minuciosa percusión que ejerce las veces de brisa agradable.
Indudablemente, “Cordas e metais” ha quedado resultón,
ameno e ideal para escenarios pequeños.
La voz de Ramón en este disco se hace más nítida,
más meridiana y cálida que en “Clube da Chave”.
Su actitud discreta, sin compulsión protagonista y con esa melancolía
propia de las especies extinguidas es digna de elogio y conecta enseguida
con el público. Las apariciones de Ana Laan subyugan por igual
y son el símil de un perfume oriental. Las cuerdas, pianos, Rhodes
y órganos son algo fuera de lo común cuando Ramón
quiere, el no va más de la sofisticación. Dan ganas de ponerse
el esmoquin.
Nos hayamos ante un disco clásico que cuenta como portadista al
famoso ilustrador Cesar Villela, el veterano diseñador de los legendarios
discos brasileños de Elenco y Odeon en los sesenta que retorna
a este mundillo..
Un buen disco como “Cordas e metais” jamás agota todo
su potencial. Sus compases siguen susurrándonos desde su emplazamiento.
Los discos de Ramón Leal aromatizan
como el incienso y le dan solidez a una habitación. Y ya saben que
un estante de discos es tan grato a la vista como el panorama de una ciudad
o el de un río. Hay en este trabajo, auroras y crepúsculos,
tempestades, neblinas y céfiros...
Como dice Ramón la magia de los discos es que no sabes quien ni
cuando los está escuchando. A estas alturas ¿qué
más puedo hacer para convencerles? Esta es una obra para anunciarse
al potencial comprador a base de siseos y de hacer hincapié en
el boca a boca. Un disco hecho con cariño y sencillez para un público
especial y un escape frente a la inopia reinante. No olviden que de las
treinta y seis formas de evitar el desastre, la fuga es la mejor opción.
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