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Un grupo con ángel, carisma y talento engrosó las filas
de siesta en 1995. Suecos, encantadores, vibrantes, ciclotímicos
a veces, intrigantes... Dos trabajos insuperables les avalan como uno
de los grupos suecos con más clase y con menos artificiosidad actuales.
Sin más preámbulos os contamos un pequeño cuento
sueco.
Karolina apenas supera los veinte años.
Tiene el pelo rubio y gusta de vestir prendas oscuras para realizar su
tez blanca. Toda ella desprende la clase de inocencia que haría
que Eric Rohmer le ofreciera un papel de protagonista en cualquiera de
sus cuentos. Su voz es tenue y hermosa, pero nada comparable a su sutil
canto en Club 8 ¿La Astrud Gilberto de los fiordos dices?...no
sabía quién era, hasta que me hablaste de que teníamos
algo en común. Desafortunadamente, escuché alguno de sus
discos y no me gustó mucho...
Johan apenas supera los veinte años.
Se deja fotografiar con gusto, con la mirada quebradiza. El es uno de
esos chicos que disfruta con elegancia en el vestir y con aparentar ser
más débil de lo que realmente es. También podría
protagonizar alguno de los cuentos de Rohmer. Johan conversa con dos amigos
acerca de la banda pop sueca de mayor éxito en Europa...The Cardigans...
es maravilloso ver como de rápido han subido.
Club 8 son un dúo sueco formado,
lo adivinaste, por Karolina y Johan. Sus dos primeras grabaciones, single
y álbum de debut, fueron para siesta. Su música es reconfortante
y ganaría cualquier competición melódica. Habla de
amor y de belleza, de la gracia y de la tristeza.
Dicen: Lo que hacemos es easy listening
anorak pop. Música que te ofrece sentimientos de tristeza feliz,
pero se olvidan de hablarme de sus pasiones de fans, aunque sus canciones,
no.
Cuentan: Lo que nosotros hacemos podría
llegar a ser pop para las masas, pero, en realidad, sabemos perfectamente
que no lo es.... Lo cual me trae a la mente esas palabras que el maestro
de la composición Burt Bacharach, pronunció hace poco: Hoy
en día hay mucha gente que se avergüenza de la melodía,
pero yo creo que no hay nada horrible en escribir algo que la gente pueda
silbar.
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