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THE MAGIC WHISPERS: Yin yang Ana Laan (Rita Calypso) y Natalia Farrán (Bathing Beauty) forman The
Magic Whispers. Dos destinos musicales se conjugan en un dúo
de sensibilidad clásica, apego por las canciones de pop cristalino
e inmunidad al tópico. En Yin yang, nos enseñan sus habitaciones
privadas a través de piezas musicales de procedencia anglo-americana.
De alguna forma podemos decir que su música está imantada
por los sonidos que nos encandilaron y marcaron con fuego en su momento.
Este es uno de esos discos que infunde ganas de meterse las manos en los
bolsillos y echar a andar por la parte habitable del mundo que nos queda.
Ambas cantantes ya cuentan con suficiente palmarés en esta casa y
son muchos los que hacen lenguas de sus talentos. Las voces y conceptos
de sofisticación y desenfado femeninos siempre han dado buen resultado:
Strawberry Switchblade, Carousel, Popinjays, Marine Girls, The Would-be-goods,
The Impossibles….
Espigemos las razones que hacen este disco especial.
En primer lugar por estar dotadas las voces de unas dicciones y registros
ejemplares para interpretar un repertorio de pop bucólico-pastoral
que va de Po! a Girls at our best, de Devine & Statton a Magnetic
Fields, de The Impossibles a Pacific, de Jenifer Jackson a Jeannette.
En segundo lugar por contar con el mimo y afecto de unos puntillosos
y respetados productores que se han enfundado sus chaquetas a cuadros
(de directores de circo) para entonar el “más difícil
todavía” Mateo Guiscafré les ha preparado un repertorio
que buscase la emoción del instante y que ha ejecutado admirablemente
ese titán todoterreno de nombre Ramón Leal.
En tercer lugar por estar el disco desparasitado de moderneces, lujos
indostánicos y demás artificios innecesarios. Ser moderno
en música es no ser nada. Y a veces los experimentos, ya saben…
con gaseosa. Este es un disco en todo caso un poco vagabundo, de espíritu
libre y célibe. Hay canciones teñidas un poco de desesperanza
y de delirio, agonías amorosas, en fin que no todo son estampas
idílicas.
Por último por combinar canciones que son como un soplo sútil
con otras que son como un vendaval. Pop susurrante, lunático, taciturno
y sobre todo encantador. Minimalismo y seducción a partes iguales.
Trenes de cercanias y de largo recorrido. Yin y Yang.
No saquen conclusiones precipitadas por las vestimentas de las señoritas.
Este es un reino de apariencia y simulacro pero en este disco lo que predomina
es la claridad, cortesía de los filósofos. Ana y Natalia
dan sobrados, generosos y excepcionales motivos para ganar seguidores
a pasos agigantados. Porque uno sale enaltecido y glorioso de la escucha
de Yin yang y se pregunta cómo se pueden interpretar canciones
bonitas de este modo tan natural.
Hilando, hilando en la memoria uno llega a las fuentes sagradas del pop.
La meta de todas nuestras busquedas es retornar al punto de partida. Y estos
son un poco los sonidos que nos hicieron crear Siesta allá por 1992.
Ustedes, que a veces descubren lo que pasa inadvertido a otros, comprobarán
que la verdadera alma de la música de Siesta brota en discos como
este. Aunque el azar hostil les pueda escatimar protagonismo siempre tendremos
en nuestro corazón a The Magic Whispers
como referente.
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