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No nos gustan las celebraciones ni las cifras habituales de efemérides. ¡Qué se le va a hacer! Siesta comparece de improviso para reivindicarse tras once (este sí que es número rumboso) temporadas en este valle de lágrimas. A veces una voz en el desierto, en otras consuelo y reducto último de ciertos estilistas y excéntricos, lo que sí podemos asegurar es que nuestra intención durante este tiempo ha sido la de hacer más habitable este mundo. Muy noble empeño, sí señor y es que no hay mejor forma de guarecerse de las inclemencias de la vida que con pop y el aderezo de un mundo inventado bañado en el azul del porvenir. Siesta ha hecho esta travesía de forma fantasmal, un poco de puntillas, a veces en sordina y en pocas ocasiones con tambores de guerra. Con Derby no se pretende liquidar una época, ni entonar la apoteosis final, ni siquiera ganar nuevos prosélitos o simpatizantes a toda costa con un “Grandes éxitos” que muestre lo granado de nuestro fecundo catálogo. Pero hay que detenerse por una vez (siempre hemos rechazado el sampler) y hacer balance con un doble CD. Es como si de repente el agua que tiembla se inmovilizase y aclarase de forma que todo se transparentase inesperadamente. Es momento de admirar el conjunto de Siesta: los errores y aciertos, los grupos inventados y los reales, los héroes y villanos, las historias y las leyendas, los iconoclastas y los maniacos del matiz, las escenas extravagantes y costumbristas, la socarronería y el saberse incomprendido, los indios y los vikingos… ¿Por qué Derby? Si algo nos une a los componentes de Siesta aparte de la música y esa visión cosmopolita del mundo es nuestro amor al fútbol (aunque a colores distintos) por lo que el derby es un reflejo de nosotros mismos. Y el fútbol como la música está en el más alto escalafón. No se suelen recordar los días, se recuerdan los momentos. Y durante once temporadas Siesta ha ofrecido una personalísima visión de la música pop dando rienda a suelta al ingenio de una suerte de artistas, grupos, productores y fabuladores en una manifestación de una profunda imaginación, creatividad y ficción. Fue en 1992 cuando empezamos a gestar sin grandes aspavientos una aventura “sin ambición”, ya que las pretensiones nunca deben aparecer al principio (al menos antes de hacerse con una obra) sino que deben crecer con el conjunto. Ha habido temporadas más atinadas que otras pero siempre se ha jugado con un esquema claro y coherente aunque fuera de cómputo y en penumbra. Nunca hemos estado en las trincheras de ninguna moda o movimiento decorativo o pasajero, siempre hemos sido como funámbulos y fantasistas en una colmena de ácratas e individualistas. El disco presenta argumentos concluyentes para satisfacer visualmente (once diseñadores distintos y asociados a esta casa exponen su homenaje en una portada convertible y cambiable) y musicalmente (con los pequeños hits, las miniaturas recuperadas y algún inédito). Ahora que se habla tanto de que estos tiempos no tienen símbolos o emblemas Siesta es más que nunca una metáfora que se desmultiplica en innumerables heterónimos y vericuetos para encontrar un eco favorable en personas inquietas. Por decirlo de la forma más cursi posible Derby contiene 44 canciones imantadas, con más o menos boato pero verdaderos “pequeños éxitos” en los corazones de muchos. Y es que Siesta siempre ha preferido dar “mucho a pocos” que “poco a muchos” a pesar de ir creciendo y aguantar el peso de la púrpura en territorios remotos en los que de España sólo se conoce nuestra compañía musical (y con la resignación de Manuel, el Real Madrid). El cuento de hadas continuará con más discos aunque todo esto de la música “por amor al arte” esté condenado a extinguirse. Lo que es verdad es que ha llegado el momento de recrear esos momentos más o menos plácidos de Siesta en este período de cataclismo y derrotismo y lejos de fiestas maximalistas o mesiánicas. Derby es un disco que se puede regalar, ofrecerse para el boudoir de una señorita o simplemente para epatar o convencer a los insumisos (o a las gentes de paso) del discurso del pop. En todo caso gracias a ustedes por su confianza y por aguantarnos sin perder los estribos estos años, que por cierto se han pasado en un soplo con su inestimable compañía.
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